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Sesión 5-Santificarás los domingos y las fiestas

Antonio Rivero L:C:
CURSO: Los Diez mandamientos de la Ley de Dios

Tercer Mandamiento: “Santificarás los domingos y las fiestas

El domingo es un regalo especial de Dios para toda familia y para toda la humanidad. Es un día para dedicarlo a Dios, a nuestra familia, a nuestro descanso personal y para hacer algo por los demás.

Con este mandamiento debería quedar bien claro que nuestra religión cristiana y católica no es triste ni aburrida, sino alegre, pues la fiesta está en el centro de la vida cristiana... El mejor descanso de la semana está en el domingo.

El domingo, para un cristiano, debería ser el gran estallido de la fiesta, el día en que el amor se desborda. Todos, al ver nuestro gozo, deberían preguntarse por qué estamos contentos.

¿Es así? No sé si en todas las iglesias el domingo es un estallido de fiesta. Tal vez en alguna iglesia o parroquia parezca reinar el aburrimiento. Gentes resignadas que miran repetidamente el reloj y a quienes se les hace larguísima la hora de la misa. Personas que salen de los templos con la impresión de haberse quitado un peso de encima para alejarse con la sensación de que “ya han cumplido”.

Así se dice todavía en algunas partes “ya he cumplido con la misa”. ¡Cómo que has cumplido con la misa! Con la misa no se cumple y ya; la misa hay que disfrutarla en comunidad cristiana, con gozo y en familia.

Julien Green, escritor francés de inicios del siglo XX y que perdió su fe en la juventud, cuando, ya en la edad madura, empezó a recuperarla, tenía la costumbre de situarse a la puerta de las iglesias y observar las caras de los que de ellas salían: caras seriotas, apagadas, medio somnolientas y tristes... y esto retrasaba su vuelta a la fe. El aburrimiento que esas caras dibujaban le hacía pensar que allí dentro no debían darles nada agradable. ¿Te pasa a ti algo parecido?

Y el mismo Nietzsche no se cansó de repetir que “si los cristianos creyéramos en la salvación, que se ofrece en cada misa, tendríamos más caras de salvación”. ¡Rostros de resucitados!

Si la gente cree que la religión es triste, lo cree porque te ve triste y aburrido. Si, en cambio, convirtiéramos nuestras celebraciones en verdaderas fiestas: con buenos cantos y cantores, buenos guías y lectores, homilías sustanciosas, momentos de silencio profundo y respetuoso, jovialidad, espíritu de familia... todos vendrían a ver qué celebramos. Celebramos la fiesta de Dios que nos salva y nos comunica su vida divina.

Nuestra mejor homilía sería para el mundo el rostro alegre y sereno de los cristianos en domingo.

El domingo, pues, es el día de la alegría, el día del amor. Por eso hay que santificarlo, de manera especial. Esto no significa que los demás días de la semana deben ser días paganos. No. Pero el domingo se lo quiere Dios reservar para disfrutarlo con todos nosotros, sus hijos, de manera especial, sin el agobio del trabajo, y sin las preocupaciones de la semana.

Toda la semana tienes que vivirla en presencia de Dios, y con alegría, y no sólo el domingo. El cristiano no es sólo dominguero. El cristiano vive su fe y su alegría en Cristo todas las horas, todos los días de la semana; y no sólo el domingo.

Pero el domingo es el día más especial de la semana para ti, para la Iglesia, para tu familia, y para Dios. Si me sigues leyendo, sabrás por qué es el día más especial de la semana.

El resumen de lo que veremos en este mandamiento:

I. El domingo es un regalo especial de Dios.
II. ¿Por qué algunos no van a misa los domingos?
III. ¿Cómo recuperar el gusto por el domingo y por la misa?


I. ¿QUÉ CELEBRAMOS EL DOMINGO?
Repasaré la carta apostólica del Papa Juan Pablo II “Dies Domini” del 31 de mayo de 1998, sobre el domingo, día del Señor. ¿La has leído?

Sabes que el día de culto para los musulmanes es el viernes, y para los judíos es el sábado. ¿Y para los cristianos? Es el domingo.

¿Por qué el domingo? Porque celebramos y revivimos la resurrección de Cristo, el gran triunfo de nuestra salvación, el gran día de la liberación de todos los creyentes.

¿Qué hacen a los presos cuando les liberan y llegan a su patria? ¡Una gran fiesta! Así también tú cada domingo deberías gritar la alegría de tu liberación ganada para ti por Cristo Resucitado. Dios te ha vuelto a liberar de los pecados y te ha concedido la salvación del alma.

Te resumo los motivos de tu alegría dominical, según esta carta del Papa.

1° Cada domingo estás celebrando las maravillas obradas por Dios Creador, quien después de haber creado todo, al séptimo día descansó. En cada misa deberías experimentar aquel mismo gozo que Dios Creador experimentó después de la creación: “Y vio que todo era muy bueno” (Génesis 1, 31). ¿Sientes cada domingo en la misa el soplo de Dios que te vuelve a crear y a poner vida sobre tu cuerpo de barro, cansado y deteriorado por el trabajo semanal? Dios vuelve a soplar sobre ti el soplo de su vida divina y así infundirte su aliento, su ánimo, su fuerza, su amor.

2° Cada domingo es el día del Señor Resucitado, pues conmemoramos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado. El domingo es el día del Sol verdadero que ilumina nuestra vida. Y también el domingo es el día del fuego, pues la luz de Cristo está íntimamente vinculada al fuego del Espíritu. En cada domingo te revistes de esa luz y de ese fuego. Deberías salir hombre luminoso y lleno de calor, es decir, de caridad, bondad, alegría. Resucitas junto con Cristo. El domingo, pues, es el día de la fe. Por eso rezas el Credo: el cristiano renueva su adhesión a Cristo y a su Evangelio, y renueva las promesas del Bautismo. ¿No te entusiasma saber todo esto? Si sales alegre es porque te has encontrado con Cristo resucitado en esa misa.

3° Cada domingo es, además, el día de la Iglesia. ¿Por qué? Porque nos reunimos como comunidad y familia cristiana: con nuestro sacerdote, que preside en nombre de Cristo y con todos los fieles, que junto a él, celebran la Eucaristía, y que son tus hermanos en la fe. El domingo es el día de la unidad, nos une a todos, la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía; y nos damos el abrazo y el beso de la paz. Y todos comulgamos el mismo Cuerpo de Cristo. Es sacrificio y banquete y encuentro fraterno. Por eso todos participamos: cantos, lectores, guías, personas que llevan al altar las ofrendas...Si faltas tú al banquete, la familia cristiana no está del todo contenta, pues faltas tú, que eres miembro de esta familia. ¿Habías pensado esto alguna vez? Pero si vienes, estamos muy contentos porque estamos reunidos todos en familia cristiana para este banquete eucarístico, que nos regala Dios Padre al ofrecernos el Pan de su Palabra y el Cuerpo de su Hijo, para la salvación de la humanidad y para el fortalecimiento de la Iglesia y para la propia santificación personal y comunitaria.

4° El domingo es también día del hombre, pues es día de alegría, descanso y solidaridad. Es día de paz del hombre con Dios, de paz consigo mismo y de paz con sus semejantes. Es día para disfrutar en familia, para tomarse un descanso del trabajo, para compartir algo con los necesitados. ¿Haces esto el domingo? ¡Cuántas veces algunos se van de juerga el sábado en la noche y llegan a su casa en la madrugada del domingo! Y, ¿qué hacen? ¿Santificar el domingo? ¡Qué va! Se echan a dormir todo el domingo, pues vienen cansados y molidos de su noche de diversión o, tal vez, de sus francachelas donde ha corrido alcohol y otras cosas.

¿Así se santifica el domingo? No hagas tú esto. ¡Por amor de Dios, no hagas tú esto! En este día comparte con tu familia, juega fútbol con tus amigos, disfruta de una buena película con los tuyos, regálate con un buen almuerzo o una buena cena. Te lo mereces, porque el domingo es el día para que te alegres por la resurrección del Señor. Pero, sobre todo, ve a misa y disfrútala, encontrándote con Dios Padre, con Cristo Amigo y Redentor, con tu comunidad, con tu fe.

5° El domingo es el día de los días, pues nos recuerda el domingo sin ocaso, que será el cielo. ¿Habías pensado todo esto alguna vez? Cada domingo deberías sentir la nostalgia del verdadero domingo eterno, donde disfrutarás y gozarás de la presencia de Dios y de los amigos de Dios en el cielo. ¿No te ilusiona esto?

Te cuento una maravillosa anécdota para que veas qué importante es el domingo, y cómo todo cristiano debe respetarlo siempre.

Visitaba Londres el año 1844 el zar de Rusia Nicolás I, y quiso ver todo lo que fuera digno de atención.

Un domingo se empeñó en visitar la famosa fundición de Nasmiths. Fue un ayudante a hablar con el propietario de la fábrica para pedirle hora de visita. Nasmiths, buen cristiano, contestó:

- Poca cosa verá hoy el emperador en mi fábrica, porque, como es domingo, no se trabaja.

Replicó el ayudante:
- Estoy seguro de que no le será difícil ponerla en marcha para dentro de unas horas. Le estará muy agradecido el emperador.

Pero Nasmiths no cedía. Aseguraba que le importaba más el favor de Dios. Tampoco los obreros aceptarían tal cosa. Aún le quedaba un argumento a su interlocutor:

- ¿Trabajaría usted hoy si se lo mandase la reina de Inglaterra?

La respuesta del fabricante dejó zanjada definitivamente la cuestión:
- Nuestra reina no me exigiría nada parecido.

¿Qué te pareció? ¡Cuántos cristianos hoy dejan la misa dominical por cualquier nadería!

¿Sabes el testimonio de unos cristianos del Norte de África, en Cartago en el año 304?

Fueron presentados al procónsul por los oficiales del tribunal. Se le informó que se trataba de un grupo de cristianos que habían sido sorprendidos celebrando una reunión de culto con sus misterios (es decir, la santa misa).

El primero de los mártires torturados, Téleca, gritó: - Somos cristianos: por eso nos hemos reunido.

El procónsul preguntó: - ¿Quién es, junto contigo, la cabeza de estas reuniones?

El mártir respondió con voz clara: - El presbítero Saturnino y todos nosotros.

Victoria, una de las cristianas, declaró: - Todo lo que he hecho, lo hice espontáneamente y por mi propia voluntad. Sí, yo he asistido a la reunión y he celebrado los misterios del Señor con mis hermanos, porque soy cristiana.

El presbítero Saturnino, experimentando las torturas en su cuerpo, fue llevado delante del procónsul, que le dijo: - Tú has obrado contra el mandato de los emperadores reuniendo a todos estos.

Saturnino, lleno del Espíritu, le respondió: - Hemos celebrado tranquilamente el día del Señor, porque la celebración del Día del Señor no puede omitirse.

Mientras atormentaban al sacerdote, saltó Emérito, un lector: -Yo soy el responsable, pues las reuniones las han celebrado en mi casa. Y lo hemos hecho porque el Día del Señor no puede omitirse: así lo manda la ley.

El procónsul le preguntó:- ¿En tu casa se han tenido las reuniones? ¿Por qué les permitiste entrar?

- Porque son mis hermanos y no podía impedírselo.
- Pues tu deber era impedírselo.
- No me era posible, pues nosotros no podemos vivir sin celebrar el misterio del Señor (“sine dominico non possumus”; es decir, no podemos vivir sin la misa).

Asimismo varios de los cristianos salieron a declarar. - Nosotros somos cristianos, y no podemos guardar otra ley que la ley santa del Señor.

El procónsul les dijo: - No les pregunto si son cristianos, sino si han celebrado reuniones.

El autor de la crónica a este punto comenta: “Necia y ridícula pregunta del juez. Como si el cristiano pudiera pasar sin celebrar el Día del Señor. ¿Ignoras, Satanás, que el cristiano está asentado en la celebración del Día del Señor?”.

Un joven, Félix, dio valiente testimonio: - Yo celebré devotamente los misterios del Señor, y me junté con mis hermanos, porque soy cristiano.

Un niño, llamado Hilariano, sin miedo a los tormentos, también dijo:- Yo soy cristiano, y espontáneamente y por propia voluntad asistí a la reunión, junto a mi padre y mis hermanos...

¡Qué impresionante testimonio de hermanos nuestros cristianos del siglo IV! Sin el domingo, sin la misa dominical no podían vivir. Les podían quitar todo: casas, ganado, familia, dinero…Pero no podían quitarles el domingo, porque sin él no podían vivir los primeros cristianos.

Los cristianos del siglo XXI, ¿pueden decir esto mismo? Te dejo pensar.



II. ¿POR QUÉ ALGUNOS NO VIENEN A MISA LOS DOMINGOS?

Dice el Papa Benedicto XVI: “La participación en la misa dominical no tiene que ser experimentada por el cristiano como una imposición o un peso, sino como una necesidad y una alegría. Reunirse con los hermanos, escuchar la Palabra de Dios, alimentarse de Cristo, inmolado por nosotros, es una experiencia que da sentido a la vida, que infunde paz en el corazón. Sin el domingo, nosotros, los cristianos, no podemos vivir”.

¿Por qué no todos los cristianos experimentan esto que dice el Papa?

Hay dificultades internas y externas, sociales y culturales, personales y ambientales: “No tengo tiempo, eso no es para mí; aunque yo no voy a misa, soy buen cristiano; voy cuando puedo; no acostumbro, eso es cosa de mujeres”; etc... Algunos jóvenes, como dijimos anteriormente, el domingo se reponen de sus juergas del viernes y sábado en la noche.

Unos no vienen por no saber lo que en cada misa vivimos y celebramos: el encuentro con Cristo resucitado que nos sale a través de su Palabra, del Pan partido y de la comunidad reunida. Falta una verdadera formación.

Otros por pereza, simple pereza. No tienen una jerarquía de valores en su vida. Para ellos es más importante ver un partido de fútbol por televisión que venir a misa. Cuando en realidad podrías hacer las dos cosas: ver el partido a una hora y participar de la misa en otra hora del domingo, pues se celebran misas cada hora, más o menos.

Hay quienes se van olvidando de Dios, debido a la indiferencia religiosa, a la ignorancia de esta dimensión religiosa del hombre, y se dejan llevan del espíritu materialista.

Se han perdido las actitudes más nobles del hombre ante Dios: gratitud, reconocimiento, alabanza, confianza y amor. ¿No tienes nada que agradecer a Dios cada domingo? ¡Cuántas cosas el Señor te ha regalado durante la semana! ¡Qué hermoso detalle con Dios venir a misa para agradecer! ¿Cómo lo ves?

Hace tiempo escribí esto que ahora te comparto a ti, para que sepas dar razón de tu fe. Lo titulé: ¿Por qué algunos no vienen a misa? Ojalá te sirvan las razones que escribí entonces:


1. “Yo no voy a misa porque es muy larga”
¿De veras? ¿Cuánto dura una misa de domingo? Una hora. Esto, ¿te parece mucho? La religión que tiene su reunión semanal más breve es la religión católica. Las reuniones de las demás comunidades son mucho más largas, cuando se reúnen cada semana. Los cristianos de oriente (Grecia, Rusia, Turquía y Egipto, etc.) demoran casi tres horas en su misa del domingo, y dicen: “Con Dios no hay que tener afanes y prisas. ¿Por qué andar con tacañería robándole tiempo al Dios que nos dio todo el tiempo que tenemos y que nos va a dar la eternidad?”.

Ciertos católicos que dicen que no van a misa porque dizque es muy larga, se van en cambio a un estadio de fútbol cuatro horas antes de que empiece un partido internacional y allí sentados sobre un duro cemento, aguantando la inclemencia del frío o del calor, se están seis o más horas...y esto no les parece largo. O incluso se van hasta el extranjero, hasta Japón, por ejemplo, para ver a su equipo jugar.

Por eso un santo decía: “La que es larga no es la misa. La que es corta es tu fe”. Por tener raquítica tu fe, por eso la misa te parece larga.


2. “Yo no voy a misa porque me queda muy lejos”
¿De veras? En una ciudad pavimentada, con abundantes colectivos, donde hay bastantes iglesias y bastantes misas en domingo...¿te queda lejos? Los antiguos campesinos, nuestros abuelos, caminaban cuatro y más horas para ir a misa del domingo y nosotros, sus hijos o nietos, ¿no seremos capaces de viajar por media hora para ir a la santa misa, que nos va a obtener el perdón de los pecados y la salvación del alma?

Es una falsa excusa puesta por el demonio, porque él sabe las gracias inmensas que te proporciona la santa misa. El demonio es como un ladrón que nos asalta cada domingo y nos roba estas gracias.


3. “Yo no voy a misa porque no tengo tiempo”
Esta excusa es una mentira. Cada uno tiene tiempo para lo que quiere, y no tiene tiempo para lo que no quiere. ¿Es posible que en doce horas de luz del domingo, no tengas ni una hora para Dios? ¿Tan falto de fe estás?

Si en cada misa te dieran un millón de dólares, ¿quién no iría? Pues en cada misa se gana mucho más que un millón de dólares. Se ganan tesoros para el cielo y para tu propia santidad personal, para tu familia, para el mundo, para toda la Iglesia. No te prives de estas gracias que te enriquecen y con las que enriqueces a todos.

¿Todo el tiempo del domingo dedicado al cuerpo que es mortal, y no hay ni una hora para el alma que no se va a morir nunca y que está llamada a disfrutar de Dios en el cielo? Tenemos tiempo para dormir, tiempo para comer, tiempo para charlar, jugar y ver televisión, y bailar y reír y hasta tiempo para pecar...y ¿no tenemos tiempo para Dios y para el alma?

La misa dura 60 minutos. El domingo tiene 1,440 minutos. ¿Cuántos minutos das a Dios y cuántos te reservas para ti?

4. “Yo no voy a misa porque no me nace de dentro”
Las leyes no son para cuando te nace el cumplirlas. ¿Qué tal si llamáramos a los empleados del gobierno y les dijéramos: “Nosotros que vivimos en la calle X y en el número Z ya no pagaremos en adelante ni luz, ni teléfono, ni agua...porque no nos nace pagar”? ¿De veras nos dejarían estos servicios? Yo creo que nos cortarían luz, agua y teléfono en ese mismo instante. ¡Y esto es lógico y razonable! ¡Hay que pagar! Las leyes no son para cumplirlas cuando nos nace. Son para todas las veces, para cuando nos nace y para cuando no nos nace.

Imagínate si te subieras a un colectivo y le dijeras al chofer: “Señor, hoy no le pago porque no me nace”, ¿qué te respondería el chofer? Se enfurecería y te mandaría fuera. Si a un chofer que te va a llevar por unos kilómetros no te atreves a decirle que no le pagas porque no te nace, y a Dios que te quiere llevar al cielo, sí le dices que no vas a misa porque no te nace. ¿Respetas más a un chofer que a Dios Creador?

Si no nos nace ir a misa tendremos doble premio. Uno por la misa en sí misma y otro por el sacrificio que hicimos al asistir a ella sin tener deseos de asistir. Jesús dijo que la primera condición para ser discípulo es negarse a sí mismo, es decir, hacer lo que nos cuesta hacer.

Si en la vida sólo hiciéramos lo que nos agrada...¿cuántos estudiarían, cuántos trabajarían, cuántos cumplirían sus deberes? Al cielo no se va en el colchón de la facilidad, sino por el camino angosto y estrecho del sacrificio, ofrecido por amor a Dios.


5. “Yo no voy a misa porque el cura es muy aburrido” -dicen los últimos
Es que no tienes que ir a misa por el cura. Tienes que ir para encontrarte con Jesús, para alimentarte con su Palabra y con su Cuerpo y para compartir la fe con tu comunidad parroquial, y salir con ilusión de la misa dispuesto a transmitir lo que ahí se te ha dado: el mensaje de Cristo que libera y hace feliz.

Estoy de acuerdo contigo en que el sermón del cura es muy importante y que el cura debe prepararlo muy bien, por respeto a sus oyentes que vienen cada domingo para llevarse un mensaje concreto, vivo, convencido y actual, extraído de las lecturas de ese día. Por lo demás, si no te gusta el cura de tu parroquia, eres libre para ir a otra iglesia donde encuentres un cura que entiendas, que te llegue al corazón, que hable tu idioma, que te comprometa con tu fe. ¡Hay tantos y tan excelentes! Pero no te pierdas la oportunidad de nutrirte interiormente y de contagiar tu alegría a los demás.

En pocas palabras, las causas profundas por las que muchos no van a misa y no respetan el domingo son éstas: el olvido de Dios, la negación de Dios, la indiferencia religiosa, ignorar las dimensiones del espíritu, desconocer que el hombre es criatura, limitada y débil, y se realiza en Dios, y en Él alcanza la plenitud.

Abandonada o descuidada la referencia a Dios, se está produciendo una especie de vacío espiritual, sobre todo en los jóvenes, que se manifiesta con frecuencia en situaciones de aburrimiento o falta de ilusión.

Para recuperar el domingo hay que comenzar por recuperar a Dios en el corazón humano, teniendo presente que negar a Dios es negar al hombre, y despreciar a Dios es dejar desamparado al hombre. Hay que recuperar las actitudes más nobles del hombre ante Dios: gratitud, reconocimiento, alabanza, confianza y amor.


El tercer mandamiento de la Ley de Dios manda, pues, ir a misa y santificar las fiestas.

El ir a Misa es un bien para el hombre y le ayuda a recuperarse, a realizarse, a vivir en dignidad, a no apartarse de Dios, a vivir de cara a Él. El día séptimo, el domingo, es un día que Dios bendijo y lo hizo sagrado.

Todos los mandamientos afectan e interesan a todos los hombres, están grabados en el corazón humano, son buenos para todos porque a todos ayudan a caminar y su observancia redunda en bien de toda la sociedad.

En el caso del tercer mandamiento, la fiesta, el descanso, el culto a Dios, la convivencia familiar y social, son otros tantos aspectos de la vida favorecidos por el precepto de observar las fiestas. Este mandamiento te ayuda tener en cuenta los valores del espíritu y las realidades trascendentes.

¿Por qué el domingo y no el sábado judío? Te vuelvo a repetir: Porque el domingo es el día en que Cristo resucitó, y por tanto, es el día gozoso de la nueva creación. Desde el inicio de la Iglesia celebrar el domingo era reunirse en comunidad, hacer memoria del Señor, volver a escuchar su Palabra, conmemorar y hacer presente su sacrificio, su ofrenda al Padre por todos y fortalecerse con el alimento de su Cuerpo en la Eucaristía. Orar, cantar, dar gracias, reconciliarse y ayudarse mutuamente como hermanos.

¿Por qué hay que santificar las fiestas? ¿Por qué hay que ir a misa todos los domingos?

El motivo profundo por el que el hombre ha de celebrar el domingo, es su relación directa, vital, esencial, con Dios, su Creador y Padre, y con Cristo, el Señor, y con la Iglesia, ese medio de salvación que nos regaló Cristo para formar la comunidad de creyentes, y con la familia, esa iglesia en pequeño.



III. ¿CÓMO RECUPERAR EL GUSTO POR EL DOMINGO Y POR LA MISA?

Necesitas rescatar la belleza del domingo. El domingo es el día propicio para recuperar fuerzas, serenar el espíritu, moderar las prisas, evitar que se dispare la ansiedad. El domingo es una cura o terapia de materialismo, de egoísmo y de mal humor acumulado durante la semana. ¿Verdad que durante la semana, queriendo o sin querer, acumulas un poco de todo eso? Ven a misa, y recupera la paz.

El domingo abre la ventana al espíritu, propicia la relación fraterna desinteresada, ayuda a recuperar el sentido de la vida, a cultivar el amor verdadero y la fe profunda, y a despertar la esperanza gozosa, tan necesaria para vivir y luchar.

Perder el domingo, es renunciar a una parte importante de la vida; es decir, a la dimensión espiritual de la persona. Pero si renuncias a esta parte de tu vida, ¿qué te queda? Un simple animal que come y duerme y trabaja. Por eso, te invito a rescatar tu domingo que te dignifica, te ennoblece, te espiritualiza y te humaniza.

Aún hay más. En el domingo celebramos un misterio ¡Es Pascua! ¡Es el día de la creación nueva y siempre renovada! ¡Es luz y alegría y gozo! ¡Es resurrección! ¡Encuentro con Cristo resucitado y con la comunidad viva!

En general no se valora la misa, por eso no se va a misa. Cuando se valora la misa y se sabe lo que en ella se realiza, entonces nunca se dejará la misa.

En la misa se celebra un banquete. En ella se realiza una inmolación y un sacrificio. En ella se queda una presencia viva.

Primero, en la misa se celebra un banquete. Lo primero que llama la atención cuando participas de la santa misa es su carácter de banquete. Observa a tu alrededor.

- Vestimenta del sacerdote, según el período litúrgico.
- Manteles limpios y tendidos sobre el altar.
- Flores variadas que perfuman el recinto sagrado.
- Velas encendidas sobre el altar que invitan a la cena.
- Pan y vino compartidos, convertidos en Cuerpo y Sangre de Cristo.
- Alegres y variados cantos que proclaman nuestra fe, esperanza y amor a Dios.
- Saludos y abrazos de paz y fraternidad.

Este banquete está ordenado a la unidad de la Iglesia. Tanto el pan, elaborado con muchos granos de trigo, como el vino, exprimido de muchos racimos, constituyen también un símbolo de la íntima unidad que la eucaristía realiza entre nosotros, que somos muchos.

Asimismo, la gota de agua que el sacerdote mezcla con el vino es expresión del pueblo cristiano que se sumerge en Cristo. Por tanto, ya en el plano de los signos que vemos en cada misa: banquete, pan, vino, gota de agua, cantos... se muestra la eucaristía como sacramento y banquete de unidad de la Iglesia.

La eucaristía es banquete, donde recibimos el cuerpo resucitado y glorificado de Cristo. Y al entrar el Cuerpo glorificado de Cristo en nuestra carne mortal, la va espiritualizando, santificando, purificando y llenándola de inmortalidad. La vida nueva que recibimos y que se aumenta en cada comunión es ya el inicio y germen de la vida eterna.

Eso sí: es un banquete y hay que venir con el traje de gala de la gracia y amistad de Dios en tu alma, si es que quieres comer el Cuerpo de Cristo. Si no, acércate antes a la confesión.


En segundo lugar, la misa es sacrificio e inmolación.

¿Qué significa esto?

Es el sacrificio de Cristo en la Cruz que se actualiza y se hace presente sacramentalmente sobre el altar. El sacrificio que hizo Jesús en la Cruz, el Viernes Santo, muriendo por nosotros para darnos la vida eterna, abrirnos el cielo, liberarnos del pecado... se vuelve a renovar en cada misa, se vuelve a conmemorar y a revivir desde la fe. Cada misa es Viernes Santo. Es el mismo sacrificio e inmolación, pero de modo incruento, sin sangre. El mismo sacrificio y con los mismos efectos salvíficos.

En cada misa asistimos espiritualmente al Calvario, al Gólgota... y en cada misa con la fe podemos recordar, por una parte, los insultos, blasfemias que le lanzaron a Jesús en la Cruz... y por otra parte, las palabras de perdón de Cristo a los hombres y de ofrecimiento voluntario y amoroso a su Padre celestial: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen...Todo está cumplido”.

En cada misa, ese Cordero divino que es Jesús se entrega con amor para, con su Carne y Sangre, dar vida a este mundo y a cada hombre.

Si tuviéramos fe, nos dejaríamos empapar de esa sangre que cae de su costado abierto... y esa sangre nos purificaría, nos lavaría, nos santificaría.


Y la misa, en tercer lugar, es presencia.

Es presencia de Cristo, en la forma de pan, que se queda en el Sagrario para ser tu amigo, tu confidente, para que le comas, te alimentes, entres en común unión con Él. Y esa presencia se puede guardar en los Sagrarios para que tú puedas visitarlo durante el día y saludarlo, y cuando te enfermes, pueda el sacerdote llevarte hasta tu casa el Pan de vida, que es Cristo, y que está reservado en ese Sagrario, donde está la Presencia viva y sacramental de Cristo.

¡Qué sublime es, pues, la santa Misa, la Eucaristía!

La Eucaristía nos crea un lazo de carne y de sangre -un vínculo familiar- entre nosotros y Dios. Cristo asumió la carne humana para darla por nosotros y para dárnosla a nosotros en la Eucaristía.

La liturgia eucarística es una comida sacrificial de alianza. Renueva una alianza, y cada alianza sella un vínculo familiar. Como el Hijo de Dios se hizo hombre, así nosotros nos hacemos divinos, «hijos en el Hijo», por usar la frase favorita de los Padres de la Iglesia.

Ahora dime, ¿la misa es aburrida? Hay que entenderla. Y después, se saborea y llega a ser, no una obligación, sino una necesidad del alma y del corazón.

Termino diciéndote que el domingo es necesario para todos.

Casados: necesitáis el domingo y la misa dominical, para renovar vuestras promesas matrimoniales.

Familias: necesitáis el domingo para renovar los lazos de amor y armonía.

Jóvenes: necesitáis el domingo pues es Jesús quien quiere pasar ese día con vosotros, daros su Palabra y su Cuerpo, y así ser fuertes para dominar las pasiones y distinguir el bien y el mal, y transformaros en Él y ser santos.

Niños: necesitáis el domingo porque os estáis preparando para la primera comunión, es decir para comulgar a Jesús, hacerle vuestro amigo íntimo... os estáis preparando para la confirmación y así recibir al Espíritu de Jesús.

Ricos: necesitáis el domingo para que las riquezas no os esclavicen y resucitéis a una vida nueva, y así aprender a usar rectamente vuestras riquezas y a ser generosos con los necesitados.

Pobres: necesitáis el domingo para sentir a Cristo como verdadero riqueza en vuestra vida y superar los sentimientos de disgusto, rencor, de venganza y de odio, tal vez, por ser pobres.

Sanos: necesitáis el domingo para agradecer la salud a Dios.

Enfermos: necesitáis el domingo para recibir consuelo... aunque sea, vivid la misa por televisión o por radio, si no podéis acercaros a la parroquia.


Todos necesitamos el domingo y la misa.

Pero, no olvidemos: hay que acercarnos a la misa con fe, con la conciencia pura, con alegría y con mucho amor.

Reza conmigo: “¡Oh, Señor! Gracias por el día domingo que nos recuerda el domingo sin ocaso en que viviremos contigo eternamente en el cielo”.

Pero no reduzcas tu relación con Dios a la sola misa dominical. Durante todos los días debes vivir en presencia de Dios. Y cuando puedas ir a misa entre semana, hazlo, pues ya has comprendido lo que significa la misa.


IV. DOMINGO, DÍA DE DESCANSO Y CONVIVENCIA FAMILIAR

El domingo no es sólo para ir a misa, sino también para descansar y para la convivencia familiar.

Dijo el Papa Juan Pablo II: “Durante algunos siglos, los cristianos han vivido el domingo sólo como día del culto, sin poder relacionarlo con el significado específico del descanso sabático. Solamente en el siglo IV, la ley civil del Imperio Romano reconoció el ritmo semanal, disponiendo que en el “día del sol” los jueces, las poblaciones de las ciudades y las corporaciones de los diferentes oficios dejaran de trabajar. Los cristianos se alegraron de ver superados así los obstáculos que hasta entonces había hecho heroica la observancia del día del Señor…Los Concilios han mantenido, incluso después de la caída del Imperio, las disposiciones relativas al descanso festivo…” (Carta apostólica, Dies Domini número 64).

El fundamento teológico de este “descanso” está, en primer lugar, en la relación del domingo con el “shabbat” divino: Y Dios, el séptimo día, cuando había completado la obra de la creación, descansó. En segundo lugar, está la relación del domingo con el domingo de resurrección, que marca el inicio de la “nueva creación” y orienta nuestra mente hacia la “Pascua eterna”.

Este fundamento teológico lo puedes ampliar en la carta del Papa Juan Pablo II que ya te resumí anteriormente titulada “Dies Domini” (“El Día del Señor”, es decir, el domingo).

Domingo, día de descanso.

¿Conoces a alguien a quien no le gusten los fines de semana y los así llamados “feriados largos”? Seguramente no. Y es que a todos, absolutamente a todos los hombres y mujeres nos gusta descansar, divertirnos, estar con la familia y con los amigos, hacer algo de deporte, olvidarnos de las preocupaciones y del trabajo para dedicar un tiempo a nosotros mismos y a lo que sanamente nos gusta.

Esta necesidad de descanso Dios la conoce desde siempre, está en la naturaleza del hombre. Por otra parte, Dios planeó al hombre dentro de una familia. Él sabe que en la familia es donde el hombre recibe los valores, el cariño, la comprensión que necesita y que difícilmente se puede encontrar fuera del seno familiar.

También Dios sabía desde un principio que el hombre, con una vida tan acelerada, iba a tener poco tiempo para pensar en las cosas de Dios y Él sabe que sólo en Él puede el hombre encontrar la felicidad.

¿Cómo puede llegar el hombre a ser feliz, cómo podrá conocer a Dios, si no tiene tiempo para ello?

Para resolver este problema, Dios, en su sabiduría, nos da este mandamiento: “Santificarás las fiestas”, con el que asegura que el hombre dedicará por lo menos un día a la semana al descanso, a la convivencia familiar y a ocuparse en las cosas de Dios.

El domingo es día también para el descanso. Para el descanso del espíritu y del cuerpo.

La alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo, como se deduce del pasaje de la creación en el libro del Génesis (cf 2, 2-3; Ex 20, 8-10). El descanso es una cosa “sagrada”, siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios.

El Papa León XIII, en la encíclica Rerum Novarum, presentaba el descanso festivo como un derecho del trabajador que el Estado debe garantizar.

Por tanto, el descanso sano y la distensión serena son necesarios a la dignidad de los hombres, con las correspondientes exigencias religiosas, familiares, culturales e interpersonales, que difícilmente pueden ser satisfechas si no es salvaguardando por lo menos un día de descanso semanal en el que gozar juntos de la posibilidad de descansar y de hacer fiesta.

En este día de descanso, las cosas materiales, por las cuales nos inquietamos, dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro. Las mismas bellezas de la naturaleza pueden ser descubiertas y gustadas profundamente en esos días de descanso.

Este descanso responde a una auténtica necesidad, en plena armonía con la perspectiva del mensaje evangélico. El creyente está, pues, llamado a satisfacer esta exigencia, conjugándola con las expresiones de su fe personal y comunitaria, manifestada en la celebración y santificación del día del Señor.

No olvides que descanso no significa estar sin hacer nada o estar tirado todo el día en la cama. La misma naturaleza del hombre se rebela en forma de aburrimiento cuando éste no realiza ninguna actividad.

Las actividades deportivas, recreativas, culturales y apostólicas en familia te darán más descanso corporal y espiritual que una mañana entera de domingo tumbado en la cama viendo televisión.

La ociosidad es la madre de todos los vicios. Si no ocupas tu mente y tu tiempo en cosas buenas, el demonio se encargará de llenarlos de cosas malas.

Lo mejor es programar tu descanso incluyendo momentos para recuperar el sueño, pero también con actividades que relajen la mente y el cuerpo: deporte, lectura, pintura, visitas turísticas, convivencia familiar, escuchar buena música, ver una buena película, hacer un paseo con tus amigos y tomarse un buen aperitivo, etc.

Dentro de este descanso se encuentra la convivencia familiar. ¡Qué hermoso es estar reunidos todos en familia, compartiendo la mesa con un buen asado, la charla amena y sana, o escuchando una música tranquila, o viendo juntos una película positiva, o asistiendo a un concierto cultural, o paseando alegremente por los verdes parques, donde corretean y juegan los niños! Todo esto oxigena el alma y el cuerpo.

La atención a la familia es importantísima, pues en los días de clases o de trabajo, sabes que es muy difícil que todos los miembros de la familia puedan estar reunidos, debido a los diferentes horarios de clase y trabajo y a las diversas actividades que cada miembro debe realizar. Es necesario aprovechar los fines de semana para charlar, convivir y conocerse mutuamente, y así la familia pueda cumplir con su misión.

Entre lo que te ofrece la sociedad, debes elegir las diversiones que estén más de acuerdo con una vida conforme a los preceptos del Evangelio.

Este descanso es un anticipo del descanso eterno, donde habrá cielos nuevos y tierra nueva, y donde la liberación de la esclavitud de las necesidades será definitiva y total.

Te contaré esta anécdota simpática:

Casiano cuenta en sus Colaciones una simpática leyenda sobre san Juan evangelista. Acariciaba san Juan un día una perdiz apaciblemente. De pronto vio venir hacia él a cierto filósofo con un arco en la mano dispuesto a dedicarse a la caza. Le pareció a éste que un hombre de la reputación del santo no debería entretenerse en algo tan insignificante y de tan poco relieve.

- ¿Eres tú ese Juan cuya insigne fama y celebridad habían suscitado en mí tan gran deseo de conocer? ¿Por qué, pues, te entretienes en tan fútiles diversiones?

Por toda respuesta le dijo el Santo:

- ¿Qué es eso que llevas en la mano?
- Un arco.
- ¿Y por qué no lo llevas siempre tenso?
- No conviene -replicó el filósofo- porque a fuerza de estar curvado la tensión lo enervaría y lo echaría a perder. Así, cuando es necesario lanzar un disparo más potente contra una fiera, por haber perdido su fuerza debido a la continua rigidez, el tiro no parte ya con la violencia necesaria.

Concluyó el apóstol Juan diciendo que no se extrañase de aquel inocente modo de dar descanso a su espíritu. Si no lo haces de vez en cuando, la misma continuidad del esfuerzo lo ablandaría, y no respondería lo mismo cuando se le pidiera mayor esfuerzo.

¿Qué te pareció?

Haz conciencia de lo que realmente tiene prioridad en tu vida. Date un buen descanso para disfrutar de tu familia, de tus amigos y así tu cuerpo y tu alma estarán siempre fuertes para hacer el bien.



Resumen del Catecismo de la Iglesia católica

2189 ‘Guardarás el día del sábado para santificarlo’ (Deuteronomio 5, 12). ‘El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor’ (Éxodo 31, 15).

2190 El sábado, que representaba la coronación de la primera creación, es sustituido por el domingo que recuerda la nueva creación, inaugurada por la resurrección de Cristo.

2191 La Iglesia celebra el día de la Resurrección de Cristo el octavo día, que es llamado con toda razón día del Señor, o domingo.

2192 ‘El domingo ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto‘ (Código de Derecho canónico, canon 1246, 1). ‘El domingo y las demás fiestas de precepto, los fieles tienen obligación de participar en la misa’ (Código de derecho canónico, canon 1247).

2193 ‘El domingo y las demás fiestas de precepto... los fieles se abstendrán de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo‘ (Código de derecho canónico, canon 1247).

2194 La institución del domingo contribuye a que todos disfruten de un ‘reposo y ocio suficientes para cultivar la vida familiar, cultural, social y religiosa‘ (Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, 67, 3).

2195 Todo cristiano debe evitar imponer, sin necesidad, a otro impedimentos para guardar el día del Señor.



Del Compendio del Catecismo de la Iglesia católica

450. ¿Por qué Dios “ha bendecido el día sábado y lo ha declarado sagrado” (Ex.20,11)?
Dios ha bendecido el sábado y lo ha declarado sagrado, porque en este día se hace memoria del descanso de Dios el séptimo día de la creación, así como de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto y de la Alianza que Dios hizo con su pueblo.


451 ¿Cómo se comporta Jesús en relación con el sábado?
Jesús reconoce la santidad del sábado, y con su autoridad divina le da la interpretación auténtica: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc.2,27).


452 ¿Por qué motivo, para los cristianos, el sábado ha sido sustituido por el domingo?
Para los cristianos, el sábado ha sido sustituido por el domingo, por que éste es el día de la Resurrección de Cristo. Como “primer día de la semana” (Mc.16,22), recuerda la primera creación; como “octavo día”, que sigue al sábado, significa la nueva creación inaugurada con la Resurrección de Cristo. Es considerado, así, por los cristianos como el primero de todos los días y de todas las fiestas: el día del Señor, en el que Jesús con su Pascua, lleva a cumplimiento la verdad espiritual del sábado judío y anuncia el descanso eterno del hombre en Dios.


453 ¿Cómo se santifica el domingo?
Los cristianos santifican el domingo y las demás fiestas de precepto participando en la Eucaristía del Señor y absteniéndose de las actividades que les impidan rendir culto a Dios, o perturben la alegría propia del día del Señor o el descanso necesario del alma y del cuerpo. Se permiten las actividades relacionadas con las necesidades familiares o los servicios de gran utilidad social, siempre que no introduzcan hábitos perjudiciales a la santificación del domingo, a la vida de familia y a la salud.


454 ¿Por qué es importante reconocer civilmente el domingo?
Es importante que el domingo sea reconocido civilmente como día festivo, a fin de que todos tengan la posibilidad real de disfrutar del suficiente descanso y del tiempo libre que les permitan cuidar la vida religiosa, familiar, cultural y social; de disponer de tiempo propicio para la meditación, la reflexión, el silencio y el estudio, y de dedicarse a hacer el bien, en particular a favor de los enfermos y de los ancianos.


LECTURA: De la carta apostólica de Juan Pablo II, Dies Domini, sobre el Domingo (31 mayo 1998)

Banquete pascual y encuentro fraterno

44. Este aspecto comunitario se manifiesta especialmente en el carácter de banquete pascual propio de la Eucaristía, en la cual Cristo mismo se hace alimento. En efecto, "Cristo entregó a la Iglesia este sacrificio para que los fieles participen de él tanto espiritualmente por la fe y la caridad como sacramentalmente por el banquete de la sagrada comunión. Y la participación en la cena del Señor es siempre comunión con Cristo que se ofrece en sacrificio al Padre por nosotros". Por eso la Iglesia recomienda a los fieles comulgar cuando participan en la Eucaristía, con la condición de que estén en las debidas disposiciones y, si fueran conscientes de pecados graves, que hayan recibido el perdón de Dios mediante el Sacramento de la reconciliación, según el espíritu de lo que san Pablo recordaba a la comunidad de Corinto (cf. 1 Co 11,27-32). La invitación a la comunión eucarística, como es obvio, es particularmente insistente con ocasión de la Misa del domingo y de los otros días festivos.

Es importante, además, que se tenga conciencia clara de la íntima vinculación entre la comunión con Cristo y la comunión con los hermanos. La asamblea eucarística dominical es un acontecimiento de fraternidad, que la celebración ha de poner bien de relieve, aunque respetando el estilo propio de la acción litúrgica. A ello contribuyen el servicio de acogida y el estilo de oración, atenta a las necesidades de toda la comunidad. El intercambio del signo de la paz, puesto significativamente antes de la comunión eucarística en el Rito romano, es un gesto particularmente expresivo, que los fieles son invitados a realizar como manifestación del consentimiento dado por el pueblo de Dios a todo lo que se ha hecho en la celebración y del compromiso de amor mutuo que se asume al participar del único pan en recuerdo de la palabra exigente de Cristo: "Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda" (Mt 5,23-24).


De la misa a la misión

45. Al recibir el Pan de vida, los discípulos de Cristo se disponen a afrontar, con la fuerza del Resucitado y de su Espíritu, los cometidos que les esperan en su vida ordinaria. En efecto, para el fiel que ha comprendido el sentido de lo realizado, la celebración eucarística no termina sólo dentro del templo. Como los primeros testigos de la resurrección, los cristianos convocados cada domingo para vivir y confesar la presencia del Resucitado están llamados a ser evangelizadores y testigos en su vida cotidiana. La oración después de la comunión y el rito de conclusión -bendición y despedida- han de ser entendidos y valorados mejor, desde este punto de vista, para que quienes han participado en la Eucaristía sientan más profundamente la responsabilidad que se les confía. Después de despedirse la asamblea, el discípulo de Cristo vuelve a su ambiente habitual con el compromiso de hacer de toda su vida un don, un sacrificio espiritual agradable a Dios (cf. Rm 12,1). Se siente deudor para con los hermanos de lo que ha recibido en la celebración, como los discípulos de Emaús que, tras haber reconocido a Cristo resucitado "en la fracción del pan" (cf. Lc 24,30-32), experimentaron la exigencia de ir inmediatamente a compartir con sus hermanos la alegría del encuentro con el Señor (cf. Lc 24,33-35)…


El domingo día de alegría, descanso y solidaridad. La "alegría plena" de Cristo

55. "Sea bendito Aquél que ha elevado el gran día del domingo por encima de todos los días. Los cielos y la tierra, los ángeles y los hombres se entregan a la alegría". Estas exclamaciones de la liturgia maronita representan bien las intensas aclamaciones de alegría que desde siempre, en la liturgia occidental y en la oriental, han caracterizado el domingo. Además, desde el punto de vista histórico, antes aún que día de descanso -más allá de lo no previsto entonces por el calendario civil- los cristianos vivieron el día semanal del Señor resucitado sobre todo como día de alegría. "El primer día de la semana, estad todos alegres", se lee en la Didascalia de los Apóstoles. Esto era muy destacado en la práctica litúrgica, mediante la selección de gestos apropiados. San Agustín, haciéndose intérprete de la extendida conciencia eclesial, pone de relieve el carácter de alegría de la Pascua semanal: "Se dejan de lado los ayunos y se ora estando de pie como signo de la resurrección; por esto además en todos los domingos se canta el aleluya".

56. Más allá de cada expresión ritual, que puede variar en el tiempo según la disciplina eclesial, está claro que el domingo, eco semanal de la primera experiencia del Resucitado, debe llevar el signo de la alegría con la que los discípulos acogieron al Maestro: "Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor" (Jn 20,20). Se cumplían para ellos, como después se realizarán para todas las generaciones cristianas, las palabras de Jesús antes de la pasión: "Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo" (Jn 16,20). ¿Acaso no había orado él mismo para que los discípulos tuvieran "la plenitud de su alegría"? (cf. Jn 17,13). El carácter festivo de la Eucaristía dominical expresa la alegría que Cristo transmite a su Iglesia por medio del don del Espíritu. La alegría es, precisamente, uno de los frutos del Espíritu Santo (cf. Rm 14,17; Gal 5, 22).

57. Para comprender, pues, plenamente el sentido del domingo, conviene descubrir esta dimensión de la existencia creyente. Ciertamente, la alegría cristiana debe caracterizar toda la vida, y no sólo un día de la semana. Pero el domingo, por su significado como día del Señor resucitado, en el cual se celebra la obra divina de la creación y de la "nueva creación", es día de alegría por un título especial, más aún, un día propicio para educarse en la alegría, descubriendo sus rasgos auténticos. En efecto, la alegría no se ha de confundir con sentimientos fatuos de satisfacción o de placer, que ofuscan la sensibilidad y la afectividad por un momento, dejando luego el corazón en la insatisfacción y quizás en la amargura. Entendida cristianamente, es algo mucho más duradero y consolador; sabe resistir incluso, como atestiguan los santos, en la noche oscura del dolor, y, en cierto modo, es una "virtud" que se ha de cultivar.

58. Sin embargo no hay ninguna oposición entre la alegría cristiana y las alegrías humanas verdaderas. Es más, éstas son exaltadas y tienen su fundamento último precisamente en la alegría de Cristo glorioso, imagen perfecta y revelación del hombre según el designio de Dios. Como escribía en la Exhortación sobre la alegría cristiana mi venerado predecesor Pablo VI, "la alegría cristiana es por esencia una participación espiritual de la alegría insondable, a la vez divina y humana, del Corazón de Jesucristo glorificado". Y el mismo Pontífice concluía su Exhortación pidiendo que, en el día del Señor, la Iglesia testimonie firmemente la alegría experimentada por los Apóstoles al ver al Señor la tarde de Pascua. Invitaba, por tanto, a los pastores a insistir "sobre la fidelidad de los bautizados a la celebración gozosa de la Eucaristía dominical. ¿Cómo podrían abandonar este encuentro, este banquete que Cristo nos prepara con su amor? Que la participación sea muy digna y festiva a la vez! Cristo, crucificado y glorificado, viene en medio de sus discípulos para conducirlos juntos a la renovación de su resurrección. Es la cumbre, aquí abajo, de la Alianza de amor entre Dios y su pueblo: signo y fuente de alegría cristiana, preparación para la fiesta eterna". En esta perspectiva de fe, el domingo cristiano es un auténtico "hacer fiesta", un día de Dios dado al hombre para su pleno crecimiento humano y espiritual.

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  TEMAS DE RESPUESTA

 1. ¿Cuál crees que es el motivo más fuerte por el que algunos no pisan la iglesia ni van a misa?
 2. ¿Cuáles son las fiestas de precepto, es decir, los días al año en que debes ir a misa, como buen cristiano, además de los domingos? 
3. Di tres cosas que harían más agradable la celebración de la misa. _______________________________

  Preguntas o comentarios al autor P. Antonio Rivero LC
  arivero@legionaries.org 
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